sábado, 15 de septiembre de 2018

Dj Anacaona: La corte india en los tocadiscos



La artillería estaba pesada, seis cervezas de 473 ml heladas en la nevera y "Un día bonito", de Eddie Palmieri, sonando en los audífonos, empujaron el ímpetu de concretar una idea que orbitaba en mi cabeza desde días atrás: entrevistar a Dj Anacaona. Después de saludarnos, Ana me recordó que era lunes en Alemania, asumí que en Brasil también; intentaba recuperar mi memoria que se había quedado en la noche del sábado, con destellos de la madrugada del domingo. Hay temporadas en las que la vida de un dj transcurre en el borderline del sueño y la vigilia, lo onírico y lo real se fusionan en un estado de lucidez permanente, activador de impulsos creativos. Mientras Ana organizaba su agenda de la semana, me recibió muy hospitalaria en la casilla del chat: "¿Qué más, Marcel? Todo fino por aquí, disfrutando de la ola calorífica que azota las europas. ¿Por allá qué?"

Con los primeros destellos de luz de una mañana tropical entrando por mi ventana, comencé a ponerme al día con Ana. Sacamos la cuenta y la última vez que nos vimos fue hace más de 15 años en Caracas, en el Centro Comercial El Recreo específicamente, desde entonces no hablamos más nunca hasta ese momento. Activadas las alertas de la memoria, comenzaron a surgir los recuerdos de lugares, fiestas y amigos que coincidieron en nuestras vidas. Tierra de nadie, la Plaza de los Museos, Plaza las Américas, los raves, Bambú, Rata, Simpl3, el drum and bass, Julie Delorme y dj Kat, fue un cocktail virtual enteógeno, que nos montó en el delorean caribeño de una generación de finales de siglo.

"¿Te acuerdas de Kat? la jeva esta suiza de Spiral Tribe", soltó Ana cuando yo estaba escribiendo la misma pregunta. La sintonía era total, las puertas de la percepción estaban abiertas al atlántico, viajando de un continente a otro. Dj Kat es una chica que llegó a Caracas en el año 99 o 2000, si mal no recuerdo, con una banda de desadaptados capaces de hacer turismo a las tres de la madrugada en Pintosalina, llevando encima una galería móvil que exponía piercings y tatuajes en cualquier parte del cuerpo que tuviera piel. Kat fue de gran inspiración para todxs a los que nos aburrían las fiestas monotemáticas de eternos sets de house, techno o psychodelic trance. Un set de Kat podía comenzar con dub, pasar a drum and bass, en el medio un set de punk hardcore californiano de los 80, después hip hop gangsta y cerrar con un break core para pararle los pelos a cualquiera. Todo esto mezclado con una pericia impresionante, unas mezclas impecables y con su compañera siempre en el hombro, una rata llamada Lina. Yo decidí ser dj después de ver a Kat mezclando.

Ana vive en Berlín, donde organiza fiestas de salsa brava junto a su partner Dj Lionza. Encontraron un nicho que todavía no estaba cubierto por la comunidad latina, que se estaba enfocando únicamente en la cumbia y el tropical bass, dejando la salsa por fuera. Poco a poco están agrupando una comunidad latina y bohemia de bailadores, que buscan un espacio distinto que los transporte al Caribe por una noche, con mucho ron y mucha música. Que comience la rumba y que Anacaona nos eche su cuento.



¿Corre sangre india por tus venas?

De raíz, por parte de mi mamá. Todo muy mezclado, mi abuela viene de San José de Barlovento, pueblo afrovenezolano. Pero en mi familia abunda el pelo indio.

Vi una hermosa ilustración tuya de María Lionza, ¿cómo entra en tu vida la reina de Sorte?

Todo comenzó con un tatuaje y la necesidad de llevar en mi cuerpo una representación de la cultura venezolana. Escogí a María Lionza por ser una figura que estoy viendo desde muy pequeña. Cuando pasaba por la autopista en Caracas y veía su estatua, le preguntaba a mamá quién era y qué llevaba en las manos. Más adelante, estando mayor, investigué sobre su historia y decidí tatuármela. Desde entonces, la llevo como un amuleto, me la hizo una amiga muy especial que con el pasar del tiempo se convirtió en mi hermana. En mi casa María Lionza tiene su altar y todos los días le pongo flores frescas, ron con agua de coco, ramitas de romero y canela, le prendo sus velitas y le rezo, ella me cuida.

En tus fotos he visto aparecer la imagen de la diosa del panteón hindú Kali, ¿forma parte también de tus influencias?

Si, Kali forma parte de mi ensalada de dogmas. La negra, esa diosa impulsada por la justicia, aparece para destruir todo lo obsoleto, lo negativo, los patrones con carencia de sentido común, para darle paso a todo lo que suma, a lo que evoluciona y crece de manera responsable en armonía con el universo. Kali me acompaña desde hace unos cuantos años.

¿Esta poderosa trinidad de mujeres espirituales y guerreras influyen de qué manera en tus procesos creativos y cotidianos?

Me ayudan a canalizar y darle forma a una versión madura de mi persona. Son las que, de alguna manera, me han inspirado a darle forma a todo lo que hago actualmente, a pensar y aprender, a conectar los pensamientos con la realidad.


¿Recuerdas tu primer contacto con la música?

Claro. Mi padre sentado en frente del tocadiscos cada noche poniendo música al llegar del trabajo. También recuerdo a papá enseñándome a poner los discos.

¿Cuándo fue tu primer contacto con un disco? ¿Recuerdas cuál fue?

Yo nací con mi colección de discos de Los Beatles. Uno de Popy y Timbiriche.

¿Y el primer disco que consideraste tuyo, comprado y escogido por ti?

Nirvana, Nevermind, a los 11 años.

¿Cuáles fueron tus primeras influencias musicales? ¿Que música preferías cuando eras adolescente?

Me encantaba escuchar soul, cualquier cosa de la Motown Records. Las Supremas, Marvin Gaye, The Temptations. Algo que me marcó mucho fue cuando escuché por primera vez Skatalites y The Specials en la radio, fue un descubrimiento brutal. El ska marcó muchísimo mis comienzos con la música, llegó justo en ese momento que empiezas a descubrir y escoger tu música.

¿Cómo era tu entorno musical de entonces, a qué fiestas y conciertos ibas?

Intercolegiales de nuevas bandas, verbenas. Recuerdo que Desorden Público tocaba mucho en estos eventos. Y luego las escapadas con cédulas falsas a Espacio y La República de Rokatanga a ver bandas como Súper Glicerina y Fauna Crepuscular, bandas que ya eran un rollo más alternativo. También me debatía en la tormenta de las fiestas bailables de mis primos mayores, donde se escuchaba Proyecto 1, Jerry Rivera, Lisa M y Diveana. Con mis amigas del colegio éramos las raritas, empezamos a escuchar bandas como Tool, Samashing Pumpkins, Cypress Hill, Portishead, Radiohead y hasta Pantera...

¿Quién o quiénes fueron tus influencias para convertirte en dj?

Primero fue papá. Luego vinieron las fiestas electrónicas, donde realmente empecé a relacionarme y tener contacto con personas que eran djs, con Julie Delorme me derretía viéndola tocar. Yo entre en esa escena al salir del colegio. Y bueno con Gigi, mi otra Lionza, que un día me jaló las orejas y me dijo "Busca los discos de tu papá y vente a tocar conmigo ¿Qué esperas? Tienes muy buen gusto para la música".

¿Qué estilo de música comenzaste a coleccionar y con cuál comenzaste a mezclar?

Salsa. Y sigo ahí, no tiene fin, es interminable. Salsa con vinilos, pero en realidad colecciono música desde pequeña en cds. Tenía dos colecciones de casi todos los de Bob Marley y todos los de Pink Floyd, aún conservo algunos de esa época.



¿Dónde compras los viniles? Te gusta hacer el trabajo casi antropológico de escarbar lotes inmensos de viniles o vas directo a internet?

En realidad me encantaría escarbar un poco más, pero en Alemania es difícil conseguir el género que me interesa. Igual nunca pelo la oportunidad, en cualquier parte del mundo donde esté, de meterme en una tienda de discos y ver que hay, me encanta. Cuando voy de viaje entro a mirar a todos los mercadillos donde vea una caja de discos, uno nunca sabe dónde puede encontrar el disco de su vida.

¿Cuál es tu tienda favorita de discos?

Personal Dealer en Nueva York. Me llevó mi amigo Javier (Rata) y me llevó a otras que eran una gozada. Pero me gusta más el rollo trapicheo.

¿Alguna ceremonia especial para comprar discos?

Llevar plata en los bolsillos e ir lista para encapricharme. 

¿Cual es el disco que te va a acompañar de por vida vayas a donde vayas?

Un disco de Bola de Nieve de mi abuela, y dos discos de Cuban Latin Jazz Sessions que eran de papá y primero de mi abuelo antes de salir de Cuba. Esos tres son patrimonio familiar y los uso en cada set que toco.

¿Crees que hay suficiente participación femenina detrás de los tocadiscos y el coleccionismo de viniles?

Cada vez más, pero se podría abrir un poco más el espectro, pero eso va a suceder como ha ocurrido con la mayoría de los oficios en los que predomina el género masculino. Como tatuadora también lo vivo.

Un top 5 de tus discos favoritos.

1. Pantera - A vulgar Display of Power.
2. Héctor Lavoe - El Sabio.
3. Beastie Boys - Ill Comunication.
4. Skatalites - Ska Foundation.
5. Ray Barreto - El Criollo.

¿Cuáles son las joyas de música venezolana difíciles de conseguir en tu colección?

Gran Sabana, de Miguel Noya; un single de Joselo Díaz; un single de Kiko Mendive con la orquesta casablanca y Federico Betancourt y su combo latino.

¿Un disco para el despecho?

Boleros. Los boleros de Cheo Feliciano son algo exquisito. Pero también me pongo más gótica en estos casos y hay un disco de una banda alemana de Colonia, que son relativamente nuevos, pero con un sonido muy postpunk de los 80. La banda se llama Pink Turns Blue y el disco If Two World Kiss, y los escucho mucho en invierno para entrar en sintonía o quedarme en parálisis permanente.

¿Y un disco para subir los ánimos?

Cinematic Orchestra, every day.



¿Hay algún instrumento que disfrutes con especial atención cuando escuchas música?

Me encantan las congas y bongós, la percusión en general. De los metales, el trombón. Y el vibráfono y el xilófono me hacen vibrar a las alturas.

¿Nómbrame algunas portadas de discos que sean especiales para ti?

Bad Brains/Bad Brains, Pink Floyd/Ummaguma y todas las portadas de Willie Colón y Héctor Lavoe.

¿Cuál fue el último disco que llegó a tus manos?

El single de Anabalina de Las Grecas.

¿Cómo organizas tu set?

Sé con qué empiezo, pero nunca cómo acabo, todo depende de la gente. Cuando mezclo en fiestas pocas veces preparo un set, a menos que sea algo muy específico. Trato de mantener armonía entre los temas, sin perder nunca la variedad, un balance.

¿Ciudades en las que has mezclado y en las que sueñas con tocar un set?

De momento solo he estado en Berlín, tengo apenas dos años mezclando. Técnicamente me falta mucho que aprender, pero ahí voy. A donde me lleven me enrumbo, donde sea que toque con panas y la gente baile.

¿Por donde anda tu investigación en este momento?

Roots. Todo lo que venga de la raíz y tenga influencia en la música afrocaribeña. Por mi descendencia cubana, me gusta conocer mucho sobre el guaguancó, la guaracha y los cantos orishas. Por el lado venezolano, tengo un crush con el sonido y el contenido social de la salsa venezolana, definitivamente creada en la calle, y con un sonido tan pesado que hasta los más grandes han querido imitar. Quiero meterme también en el calipso del Callao, que poco suena por ahí.

¿Un dj y un coleccionista actual en el que tengas puesta tu atención y te interese su trabajo?

Amo a Quantic, me ha inspirado mucho.


Al ritmo de la piel y la tinta de Ana Pantera

¿Cuál es el tatuaje que falta en tu cuerpo?

Tengo los que quiero, pero queda piel. Tengo pendiente un Kitsune de la mitología japonesa, se representa como un zorro al que le van saliendo colas, a medida que va adquiriendo sabiduría, hasta nueve colas.

¿Cual te gustaría hacer y no has hecho?

Tengo 16 años tatuando,  he hecho de todo y probado casi todo lo que he creído que puede funcionar. Pero es ahora mismo cuando he conseguido formar un estilo. Nunca se para de aprender, pero si es verdad que baja el ritmo un poco cuando se llevan muchos años. Me falta tatuar un pene, no el dibujo, sino la parte del cuerpo. He tatuado chochos, pero no penes.

¿Puedes definir tu estilo de tatoo?

Old school tuneado, old school stoner level.

¿Siempre has dibujado?

Si, desde que tengo uso de conciencia.

¿Qué motivos relacionados con la música has tatuado?

Un título de un disco y la oveja negra de Minor treaht; Milo, el muñequito de The Descendents; Celia Cruz, un Frankestein tocando contrabajo...

¿Qué te gusta escuchar cuando tatuas?

De todo, como pille el día. Hoy empecé con Tony Braxton y acabé con Perucho Torcat.



¿Tu playa en Venezuela?

Chichiriviche de la Costa. Desde pequeña fui con mis tíos y primos. Para mí son recuerdos muy lindos, travesuras de niños, tambores en la playa, mis primeras borracheras.

¿Tu lugar preferido en Caracas?

Tierra de nadie a las seis de la tarde en la UCV, con el escándalo de las guacamayas.

¿Tu fiesta inolvidable en Caracas?

Unity. A Patanemo no me dejaron ir.

¿Cuba libre o Mojito?

Ron puro con hielo. Al ron no lo debe tocar la coca-cola ni nada.

¿Empanada de cazón o guacuco?

Aaaahhh, me estas rompiendo el corazón, chamo. Cazón, hoy justamente me estaba acordando del pastel de chucho que hacía mamá.

¿Cómo se dice cazón en alemán?

Ni idea, hoy hablaba de eso porque quería mostrar de qué era el pastel que hacía mamá

¿A quién deberíamos etiquetar en este post? ¿Alguien que tengas tiempo sin ver y quieras saludar por medio de esta entrevista?

A Bambú, Miguel Gil, Isabel Rojas y Javier Roa.

Bueno, hemos llegado al final, por ahora...

Coñoooo, fino Marcel, me sorprende el interés y lo agradezco. Me parece una iniciativa muy linda que decidas registrar a este poco de locos que andamos por ahí regados haciendo lo que sea para no perder la identidad y mantener algo lindo de la cultura y de donde venimos.

Así terminó el comienzo de una red de conexiones con toda una generación que vivió el cambio de siglo cerca de mí. Vayan preparando su mejor repertorio porque probablemente algunos de ustedes será el próximo que ayude a reconstruir esos momentos con música y recuerdos. La rumba virtual siguió entrada la mañana del lunes, mi interacción proactiva en distintos posts de Facebook motivó a una amiga a hacer un llamado público: "Por favor, alguien que le dé una manzanilla a Marcel". Yo todavía en el borderline entre sueño y vigilia atendí a su emotiva demostración de afecto y monté una ollita con agua en la hornilla. 




 Escucha a Anacaona aquí







miércoles, 12 de septiembre de 2018


Diez uppercuts de Miles Davis (III)

Texto y mixtape: Marcel Márquez

A mi hijo Matías Márquez



3. Sketches of Spain (1960)


Al momento de concebir Sketches of Spain como proyecto en 1959, Miles Davis ya venía de una sociedad creativa con Gil Evans, con quien años antes había trabajado en dos producciones orquestales dirigidas por el músico canadiense. Una vez más, el trompetista daba un giro creativo a su carrera desconcertando a músicos, críticos y público en  general de la escena del jazz. Estando de gira con su sexteto, llegó a sus manos una grabación del "Concierto de Aranjuez" escrita por el compositor español Joaquin Rodrigo. Luego de escucharla varias veces, no logró sacar la música de su cabeza y compartió su nuevo descubrimiento con Gil Evans. A partir de la obra del compositor español abordaron la nueva producción, profundizando con investigaciones en la biblioteca sobre música española y tomando también extractos de la obra de Manuel de Falla para ser rescrita y reinterpretada.

El Concierto de Aranjuez es una obra clásica escrita para guitarra y orquesta, por el compositor Joaquin Rodrigo en el año 1939. Esta pieza se convierte en el motivo principal de inspiración y el punto de partida para Sketche of Spain, llevando la obra a nuevos horizontes en la composición y la dirección. Miles Davis y Gil Evans conformaron una orquesta de más de 20 músicos, en la que los metales y los instrumentos de viento ocuparon la mayor parte de la formación, acompañados de piano, percusión, batería y contrabajo.

Es en este disco donde la presencia de Teo Macero comienza a comprometerse con el resultado final después de la grabación y en el proceso de mezcla. Luego de 15 sesiones y 45 horas de grabación, el productor tardó seis meses editando y ordenando las pistas en el álbum. Con este disco Miles Davis cerraba una década, una trilogía de discos orquestales con Gil Evans y se aventuraba a nuevos rumbos para seguir dando giros creativos importantes a la historia de la música.




2. Kind of Blue (1959)


A comienzos del mes de marzo de 1959, Miles Davis entró a los estudios de grabación de Columbia Records, donde convocó a su última formación conformada por un sexteto, agregando a un nuevo pianista que finalmente grabó un solo tema. El trompetista estaba listo para germinar la semilla de un álbum que cambió la historia del jazz, convirtiéndose en el disco más vendido de su carrera y el más vendido del género por mucho tiempo. Influenciado por el trabajo académico del pianista George Russell, quien publicó un tratado titulado Lydian Chromatic Concept of Tonal Organization, Miles Davis inmediatamente se identificó con su teoría que mostraba alternativas novedosas a la composición y la improvisación. El trompetista siempre inquieto y en la búsqueda constante de lo nuevo, emprendió un viaje musical que lo condujo al jazz modal.

El trompetista siempre jugando con la magia del momento, nunca ensayó ninguna de las piezas que se grabaron y en el estudio entregó a cada uno de sus músicos una hoja con un bosquejo de la idea que tenía en mente. A partir de ese momento surgió la alquimia musical entre Miles Davis (trompeta), John Coltrane (saxofón tenor), Cannonball Adderley (saxofón alto), Bill Evans (piano), Paul Chambers (contrabajo) y Jimmy Cobb (batería). El nuevo pianista que había convocado el trompetista, el jamaiquino Wynton Kelly, alcanzó a grabar solo el tema Freddy Freeloader.

So What es la pieza con que inicia el disco, el piano y el contrabajo abren la introducción al tema, luego de un breve solo de contrabajo se incorpora una batería muy sutil y la trompeta de Miles acompañada por unos suaves acordes de saxo. Luego de una breve nota de Miles en la trompeta, un súbito golpe de platillo divide el umbral entre el intro y el desarrollo del tema que comienza con un solo de Miles Davis. Ese golpe de platillo fue un accidente del baterísta, quien aplicó más intensidad y fuerza a las baquetas, generándole insatisfacción y solicitando repetir la toma. El resto de la banda había quedado realmente satisfecha con el accidente asumiéndolo como una acentuación que le daba empuje a la pieza. El tema sigue con un solo de John Coltrane y luego Cannonball Adderley, para volver a la base rítmica y terminar con Miles de nuevo acompañado por los dos saxos.

Kind of Blue es un disco totalmente acústico, en el que cada sonido ocupa su justo lugar, siendo muy agradable percibir cada instrumento sin mucho esfuerzo, inclusive cuando suenan los tres metales juntos. Cada sonido puede sentirse dentro de una atmósfera muy limpia, un aire muy cálido y muy orgánico. Es un disco para escucharlo con audífonos y sentir hasta el último detalle, pero también para incluirlo al espacio, percibiendo como cada nota y cada melodía va tomando su lugar en el sitio donde se escuche.




1. Round About Midnight (1956)

Un disco que marcó una época de transición importante en la carrera de Miles Davis. A partir de aquel momento firmaba contrato con Columbia Records para despedirse de Prestige, su anterior casa discográfica. Al momento de ser convocado por Columbia, el contrato con Prestige Records seguía vigente, pero lograron llegar a un acuerdo en el que, se comprometían a comenzar a grabar, publicando el material cuando se venciera el contrato con el antiguo sello. Además del cambio a Columbia Miles venía saliendo de unos años llenos de oscuridad a causa de su adicción a la heroína, comenzando una etapa totalmente limpio y revitalizado. Para esta producción formó un quinteto en el que lo acompañaba la otra leyenda del jazz John Coltrane en el saxofón, Red Garland (Piano), Paul Chambers (Bajo) y Philly Joe Jones (Batería).

Round About Midnight conserva el espíritu del jazz de la época, un quinteto acústico ejecutando estándares de jazz, en los que prevalecen el be bop y el hard bop, este último estilo, en pleno desarrollo por el trompetista y los músicos de su entorno. El primer tema es "Round Midnight", original de Thelonius Monk, a quien Miles Davis acompañó en el Newport Jazz Festival de 1955, donde ejecutó un solo fuera de serie, que enseguida captó la atención de los ejecutivos de Columbia que se encontraban entre el público. "Round Midnight" tiene el sonido de una balada clásica de jazz, con una ejecución impecable por parte de cada uno de los músicos y con la trompeta llevando la conducción en un solo, que se lleva casi la mitad del tema, con breves texturas dibujadas por el saxo de Coltrane. Luego del prolongado solo de trompeta, el tema da un giro de 180 grados para recibir el solo de John Coltrane llevando la pieza a un climax inesperado. El disco se compuso de seis temas para su versión original del año 1956, con dos reediciones en el 2001 y 2005, en las que se agregaron bonus tracks que nunca fueron publicados y la versión de "Round Midnight" del Newport Jazz Festival de 1955, interpretada junto a Thelonius Monk.

Aquí termina esta lista mínima que se queda corta, ante la vasta discografía del trompetista legendario que supera los 50 discos en estudio, más otras varias decenas de discos en vivo, box sets y reediciones; sin contar botlegs y discos piratas. Miles Davis murió en su propia ley, de un infarto a los 65 años, discutiendo con unos enfermeros que por órdenes médicas, se disponían a conectarle un tubo respirador para aliviar sus afecciones pulmonares. El 28 de septiembre se cumplen 27 años de su despegue de este plano terrenal, a dimensiones cósmicas donde la música será eterna.




Play aquí: 10 uppercuts de Miles Davis (III)



martes, 4 de septiembre de 2018


Diez uppercuts de Miles Davis (II)

Texto y mixtape: Marcel Márquez

A mi hijo Matías Márquez



5. Bitches Brew (1970)


Solo pasaron siete meses desde que Miles Davis había salido del estudio donde grabó In a Silent Way cuando decidió regresar, convocando a un trabuco de 11 jóvenes músicos. Movido por un impulso creativo, que había germinado en su disco anterior y focalizando las energías en darle un giro radical a la historia del jazz,  abordó la producción de un disco, en el cual el peso de instrumentos eléctricos se convirtieran en la espina dorsal del proceso creativo. Transcurría el año 1969 y el trompetista movido por su intuición buscaba nuevas influencias que alimentaran su obra. La relación amorosa con Betty Davis fue la llave de nuevos portales en la vida del trompetista, conoció el soul, el nacimiento del funk, con Sly and the Family Stone y el rock, géneros musicales que enseguida despertaron el interés del trompetista. Miles se hizo amigo personal del guitarrista Jimi Hendrix,  quien un año antes publicara  su última producción,  Electric Ladyland, celebrada por Miles Davis y despertando gran interés en su proceso de composición y postproducción. Este disco sería un disparador creativo con el que comenzaron a germinar las ideas de Bitches Brew.

La intención del trompetista no era hacer un disco de rock, sino reproducir el espíritu rockero dentro del estudio. Llegar al estudio sin partituras ni ensambles previos para dejarse llevar por la espontaneidad del momento y la improvisación, buscando los resultados finales en un trabajo de posproducción y edición. Los músicos un poco confundidos, seguían las indicaciones de Miles Davis, entregando lo mejor que llevaban a la sala en largas jam sessions, donde el groove colectivo era lo que prevalecía, antes que el protagonismo unipersonal de cada músico. Su principal cómplice en este nuevo terreno de la creación fue el productor Teo Macero, con quien venía trabajando en discos anteriores como Kind of Blue, Sketches of Spain y Porgy and Bess.

El primer día de grabación de Bitches Brew comenzó algo accidentado. Una discusión severa entre Miles Davis y Teo Macero, que casi se va a las manos, por poco frustra la grabación del legendario disco antes de la primera toma, como consecuencia de un capricho excéntrico del gurú de la trompeta. En la biografía del autor Ian Carr, Teo Macero cuenta el episodio: "Tú no eres mi jefe y no voy a soportar más tus estupideces. No me importa un carajo si ella te cae bien o no. Si no puedes llevarte bien con ella no le hables, dirígete a mí". Miles estaba poniendo como condición para comenzar a grabar que despidieran a la secretaria del estudio, situación que convirtió la escena en un caos de insultos y violencia, en donde los músicos se encontraban totalmente desconcertados. "Coge tu puta trompeta, y tus putos músicos y vete, largo de aquí", le dijo el productor desbordado respondiendo a las agresiones del trompetista. Todo el mundo quedó en silencio, petrificados mientras Miles Davis salía del control room tirando la puerta con rabia. Cuando todos pensaban que se marchaba, entró a la sala de grabación, agarró el instrumento y comenzó la magia: "Prendan las máquinas", dijo el productor. Mientras tocaba, Miles Davis y Teo Macero se insultaban y hacían señas con las manos a través del vidrio, el espíritu del rock & roll estaba apoderado del estudio. Cuenta la biografía de Ian Carr que era muy común en Miles Davis durante las grabaciones llevar las situaciones cotidianas al límite, para generar adrenalina y convertirlas en procesos creativos.




Las grabaciones de Bitches Brew se dividieron en tres bloques: el primero fue durante el mes de agosto de 1969 los días 19, 20 y 21; con la participación de los 11 músicos que salen en el disco. Wayne Shorter (saxo soprano), Bennie Maupin (clarinete bajo), Chick Corea, Joe Zawinul y Larry Young los tres en el piano eléctrico, John McLaughlin (guitarra eléctrica), Dave Holland (contrabajo), Hearvey Brooks (bajo eléctrico), Jack de Johnette, Lenny White y Don Alias en las baterías y Juma Santos en la percusión. El segundo bloque de grabaciones se realizaría durante dos días, el mes de noviembre del mismo año, y el tercero entre enero y febrero de 1970. Después de las primeras grabaciones se fueron sumando nuevos músicos que no aparecen en el disco oficial, como Steve Grossman en el saxo, Herbie Hancock al piano, Khalil Balakrishna tocando el sitar, Bihari Sharma en Sitar y tambora, Billy Cobham en la batería y Airto Moreira en la percusión. El disco oficial lanzado por Columbia en 1970 contiene las sesiones de agosto de 1969, el resto de las sesiones están incluidas en una edición especial lanzada en 1998 que contiene cuatro discos y una más reciente edición aniversario que contiene tres discos compactos, un DVD y dos viniles.

La suma de todos los acontecimientos previos, las grabaciones y la reunión de una banda integrada por los mejores músicos de la época, dieron como resultado una obra cumbre en la historia del jazz. Un trabajo que provocó un giro radical, llevando la composición y la producción de un disco a terrenos que nunca antes habían sido explorados por jazzista alguno. La primera edición oficial lanzada en 1970 quedó con seis temas distribuidos en dos discos de vinil, resultado de largas horas de improvisaciones y jam sessions dirigidos por Miles Davis, que luego serían trabajadas en posproducción, formando parte importante del proceso al momento de la edición y la mezcla, en el que se cortaban y separaban instrumentos, para convertirlos en rifs y loops que iban conformando un collage cargado de un groove funk y un pulso muy rock.

El sonido del disco siempre tuvo como eje principal el ritmo constante creado por bajo y batería, sobre el que fueron dibujando trazos polirítmicos la otra batería y la percusión, mientras aparece el tono del clarinete bajo que le va dando atmósferas densas y oscuras, una niebla acolchada que recibe los pianos grooveros de Chick Corea y Joe Zawinul, el saxo de Wayne Shorter y la cereza del pastel, esa trompeta eléctrica cargada de efectos, ecoflex, delays y reverberaciones que convierten el viaje en un paseo metalizado a rincones desconocidos de la conciencia y el espíritu. Durante todo el trayecto se siente esa comunión colectiva de los músicos donde no hay rol protagónico alguno, es un ritual de sonido en conjunto constante que no se detiene, en un momento del tema Bitches Brew se siente un desconcierto por parte de la banda en el minuto siete, en el que pareciera que ya no tienen rumbo cierto y quieren abandonar el viaje. Miles como todo un chamán y guía de la ceremonia suelta un "Keep it like that!" y segundos después convoca a McLaughlin "John!", y el guitarrista entra poseído y el tema vuelve a agarrar un vuelo indetenible.

Bitches Brew cambió la historia de la música, fue uno de los seis giros históricos que Miles Davis le batió en la cara durante aquella cena de los Kennedy awards, a la mujer soberbia que intentó ser irónica con el amo del sarcasmo."No es lo mismo invocar al diablo, que tenerlo de frente prendío en candela", dirían en las calles de Caracas. El disco fue un punto de inflexión en la historia del jazz y a partir de ese año todo cambió, cada uno de aquellos jóvenes músicos impulsados por el maestro seguirían cambiando la historia con bandas maravillosas como Weather Report, de Joe Zawinul; Return to forever, de Chick Corea; Mahavishnu Orchestra, de John McLauglin; The Headhunters, de Herbie Hancock; además de la infinita discografía como solistas de cada uno de los músicos participantes. Sin más palabras para describir este clásico, lo último que puedo recomendar es apagar las luces, prender un incienso y en posición de loto darle play a esta maravilla que nos ha ofrendado el universo a través de la música.

 


4. In a silent way (1969)

Durante los últimos años de la década del sesenta el público de jazz estaba mermando considerablemente, la novedad era otra. El rock, el soul y el funk estaban acaparando la atención de la juventud. Miles Davis se encontraba en una encrucijada, seguir el camino del jazz tradicional en el que una banda totalmente acústica servía como soporte para un solista, o tenía la opción de dar un giro de tuercas a la historia como ya estaba acostumbrado a hacerlo. Obviamente el trompetista se decantó por la segunda opción, la más vanguardista, la más revolucionaria y tal vez la más difícil. Miles de una personalidad bastante fuerte y temperamental nunca fue conformista, el necesitaba ir al ritmo que iba el mundo, a la misma velocidad, y el mundo iba bastante rápido.

Durante esos años el trompetista vivía un frenesí creativo, estaba recién casado con Betty Davis, y él ya pasando los cuarenta años comenzó a verse rodeado por músicos muy jóvenes y talentosos que lo seguían como a un gurú del jazz. Miles ya venía muy interesado en las nuevas propuestas musicales que estaban surgiendo en la época, empezó a congeniar con propuestas de Rock, soul y funk; pero fué su esposa Betty quien reforzó este interés de Davis, presentándole nueva música y personalmente al guitarrista Jimi Hendrix con quien hizo un click creativo de inmediato y una amistad muy cercana. Ambos compartían ideas muy similares en la forma de concebir la música y los procesos creativos en la composición, y Hendrix estaba a la vanguardia en el área de la postproducción, utilizando el estudio como un instrumento musical más. Definitivamente esta posibilidad abrió un nuevo portal en la mente brillante del trompetista.

Era principios de 1969 plena efervescencia de la psicodélia, el mundo estaba agitado, y los Estados Unidos no escapaba de ese torbellino, el país era uno de los protagonistas. Durante el mes de febrero de aquél año, Miles tenía una pauta de grabación en los estudios de Columbia a donde convocó de una manera muy peculiar a algunos de sus músicos. A Miles Davis le gustaba jugar con la adrenalina del momento, siempre con un olfato certero que lo convertía en una especie de brujo adivinador. Resulta que su baterista Tony Williams había escuchado una cinta de un guitarrista inglés que le impresionó bastante, y lo convocó para que viajara desde Londres hasta Nueva York para hacer una audición en los estudios de Columbia con su banda particular, irónicamente fueron rechazados. Una noche antes de la pauta de grabación de In a silent way, Tony Williams presentó a Miles y John McLauglin, el trompetista sin siquiera haberlo escuchado tocar le dijo "Tenemos una grabación mañana, trae tu guitarra". A Joe Zawinul lo contactó la mañana antes de la grabación como compositor, le dijo que llevara algo escrito para tocar y terminó tocando el órgano. Aquella composición de Zawinul se titulaba In a silent way, la cual fue modificada en el estudio y es el intro y el final de la cara B del disco. Por su parte Dave Holland había sido fichado un año antes para Filles de Killimanjaro en unas circunstancias muy parecidas a las de McLaughlin.

Con el trabuco completo Miles Davis (trompeta), Wayne Shorter (saxo soprano), John Maclaughlin (guitarra), Chick Korea (piano eléctrico), Herbie Hancock (piano eléctrico), Joe Zawinul (órgano), Dave Holland (bajo), Tony Williams (bateria) y por su puesto la participación estelar de Teo Macero en los controles de la nave. In a silent way fue el génesis de Bitches Brew y del cambio radical en el sonido de Miles Davis, a partir de aquél 18 de febrero de 1969 cuando entraron a la sala de grabación. Ahí comenzó a cambiar la forma como se concebía una pauta de grabación, la orden era darle play a las máquinas desde que se entraba en el estudio, sin parar ni repetir. Grabar todo lo que ocurriera, aciertos, errores, silencios por muy largos que fueran , discusiones, todo, hasta el momento que se terminara la pauta y se retiraran todos los músicos.

El disco logró como resultado dos maravillosas piezas de 19 minutos aproximadamente, que en un principio llegaron a 9 minutos cada una, y no completaban el tiempo standard de un Long Play. Para solucionar la situación y completar el tiempo requerido, el productor Teo Macero, sugirió trabajar en postproducción alargando los temas con fragmentos del mismo tema, agregados al final de cada lado. Así fue como en un proceso de edición y un empalme quirúrgico en la mezcla, quedaron dos piezas magistrales para la historia del jazz y la música en general.

El lado A arranca con un acorde sostenido de órgano que le hace colchón a una delicada y fugaz melodía de guitarra. Shhh/peaceful enseguida toma cuerpo, en un groove conjunto donde la base rítmica lleva un pulso armónico sostenido por bajo y bateria sobre el cual, guitarra, teclados y órgano van dibujando texturas para esperar el primer solo de Miles Davis y los acompañamientos de Wayne Shorter. Luego del primer solo y un breve encuentro intimo entre pianos y guitarra, se retoma la base rítmica completa donde siguen dibujandose texturas melódicas sobre bajo y bateria para esperar la aparición del saxo de Wayne Shorter. Después de una breve pausa volvemos al inicio, arranca el acorde sostenido del órgano y da paso al groove en conjunto, que recibe una vez más el solo de Miles Davis y cierra el ciclo después de un ritmo atmosférico dibujado con acordes de piano, órgano y muy sutiles notas de la guitarra.

El lado B lleva la pieza que titula el disco In a silent way, compuesta por Joe Zawinul. Una atmósfera cálida introduce el tema con un solo melódico de John McLaughlin que es matizado con notas sublimes de piano, Wayne Shorter repite exactamente la misma melodía en el saxo y se encuentra en el camino con la trompeta de Miles quien cierra el circulo dentro de la misma atmósfera. Al terminar la sublime intro de  In a silent way,  entra abruptamente un groove enérgico impulsado por la base rítmica, que rápidamente incorpora un solo de trompeta, seguidos de una pausa donde dialogan pianos bajo y batería para recibir un solo de guitarra por McLaughlin. El orden sigue similar al de la introducción, retoma el volante Wayne Shorter en el saxo luego de la intervención de la guitarra, para incorporarse más adelante la trompeta de Miles Davis impulsando el tema It's About that time a su climax. Como en la cara A del disco, el tema finaliza con el intro, retomando In a silent way, para despedir esta obra maravillosa, que sería determinante en el futuro de la música.




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