miércoles, 12 de septiembre de 2018


Diez uppercuts de Miles Davis (III)

Texto y mixtape: Marcel Márquez

A mi hijo Matías Márquez



3. Sketches of Spain (1960)


Al momento de concebir Sketches of Spain como proyecto en 1959, Miles Davis ya venía de una sociedad creativa con Gil Evans, con quien años antes había trabajado en dos producciones orquestales dirigidas por el músico canadiense. Una vez más, el trompetista daba un giro creativo a su carrera desconcertando a músicos, críticos y público en  general de la escena del jazz. Estando de gira con su sexteto, llegó a sus manos una grabación del "Concierto de Aranjuez" escrita por el compositor español Joaquin Rodrigo. Luego de escucharla varias veces, no logró sacar la música de su cabeza y compartió su nuevo descubrimiento con Gil Evans. A partir de la obra del compositor español abordaron la nueva producción, profundizando con investigaciones en la biblioteca sobre música española y tomando también extractos de la obra de Manuel de Falla para ser rescrita y reinterpretada.

El Concierto de Aranjuez es una obra clásica escrita para guitarra y orquesta, por el compositor Joaquin Rodrigo en el año 1939. Esta pieza se convierte en el motivo principal de inspiración y el punto de partida para Sketche of Spain, llevando la obra a nuevos horizontes en la composición y la dirección. Miles Davis y Gil Evans conformaron una orquesta de más de 20 músicos, en la que los metales y los instrumentos de viento ocuparon la mayor parte de la formación, acompañados de piano, percusión, batería y contrabajo.

Es en este disco donde la presencia de Teo Macero comienza a comprometerse con el resultado final después de la grabación y en el proceso de mezcla. Luego de 15 sesiones y 45 horas de grabación, el productor tardó seis meses editando y ordenando las pistas en el álbum. Con este disco Miles Davis cerraba una década, una trilogía de discos orquestales con Gil Evans y se aventuraba a nuevos rumbos para seguir dando giros creativos importantes a la historia de la música.




2. Kind of Blue (1959)


A comienzos del mes de marzo de 1959, Miles Davis entró a los estudios de grabación de Columbia Records, donde convocó a su última formación conformada por un sexteto, agregando a un nuevo pianista que finalmente grabó un solo tema. El trompetista estaba listo para germinar la semilla de un álbum que cambió la historia del jazz, convirtiéndose en el disco más vendido de su carrera y el más vendido del género por mucho tiempo. Influenciado por el trabajo académico del pianista George Russell, quien publicó un tratado titulado Lydian Chromatic Concept of Tonal Organization, Miles Davis inmediatamente se identificó con su teoría que mostraba alternativas novedosas a la composición y la improvisación. El trompetista siempre inquieto y en la búsqueda constante de lo nuevo, emprendió un viaje musical que lo condujo al jazz modal.

El trompetista siempre jugando con la magia del momento, nunca ensayó ninguna de las piezas que se grabaron y en el estudio entregó a cada uno de sus músicos una hoja con un bosquejo de la idea que tenía en mente. A partir de ese momento surgió la alquimia musical entre Miles Davis (trompeta), John Coltrane (saxofón tenor), Cannonball Adderley (saxofón alto), Bill Evans (piano), Paul Chambers (contrabajo) y Jimmy Cobb (batería). El nuevo pianista que había convocado el trompetista, el jamaiquino Wynton Kelly, alcanzó a grabar solo el tema Freddy Freeloader.

So What es la pieza con que inicia el disco, el piano y el contrabajo abren la introducción al tema, luego de un breve solo de contrabajo se incorpora una batería muy sutil y la trompeta de Miles acompañada por unos suaves acordes de saxo. Luego de una breve nota de Miles en la trompeta, un súbito golpe de platillo divide el umbral entre el intro y el desarrollo del tema que comienza con un solo de Miles Davis. Ese golpe de platillo fue un accidente del baterísta, quien aplicó más intensidad y fuerza a las baquetas, generándole insatisfacción y solicitando repetir la toma. El resto de la banda había quedado realmente satisfecha con el accidente asumiéndolo como una acentuación que le daba empuje a la pieza. El tema sigue con un solo de John Coltrane y luego Cannonball Adderley, para volver a la base rítmica y terminar con Miles de nuevo acompañado por los dos saxos.

Kind of Blue es un disco totalmente acústico, en el que cada sonido ocupa su justo lugar, siendo muy agradable percibir cada instrumento sin mucho esfuerzo, inclusive cuando suenan los tres metales juntos. Cada sonido puede sentirse dentro de una atmósfera muy limpia, un aire muy cálido y muy orgánico. Es un disco para escucharlo con audífonos y sentir hasta el último detalle, pero también para incluirlo al espacio, percibiendo como cada nota y cada melodía va tomando su lugar en el sitio donde se escuche.




1. Round About Midnight (1956)

Un disco que marcó una época de transición importante en la carrera de Miles Davis. A partir de aquel momento firmaba contrato con Columbia Records para despedirse de Prestige, su anterior casa discográfica. Al momento de ser convocado por Columbia, el contrato con Prestige Records seguía vigente, pero lograron llegar a un acuerdo en el que, se comprometían a comenzar a grabar, publicando el material cuando se venciera el contrato con el antiguo sello. Además del cambio a Columbia Miles venía saliendo de unos años llenos de oscuridad a causa de su adicción a la heroína, comenzando una etapa totalmente limpio y revitalizado. Para esta producción formó un quinteto en el que lo acompañaba la otra leyenda del jazz John Coltrane en el saxofón, Red Garland (Piano), Paul Chambers (Bajo) y Philly Joe Jones (Batería).

Round About Midnight conserva el espíritu del jazz de la época, un quinteto acústico ejecutando estándares de jazz, en los que prevalecen el be bop y el hard bop, este último estilo, en pleno desarrollo por el trompetista y los músicos de su entorno. El primer tema es "Round Midnight", original de Thelonius Monk, a quien Miles Davis acompañó en el Newport Jazz Festival de 1955, donde ejecutó un solo fuera de serie, que enseguida captó la atención de los ejecutivos de Columbia que se encontraban entre el público. "Round Midnight" tiene el sonido de una balada clásica de jazz, con una ejecución impecable por parte de cada uno de los músicos y con la trompeta llevando la conducción en un solo, que se lleva casi la mitad del tema, con breves texturas dibujadas por el saxo de Coltrane. Luego del prolongado solo de trompeta, el tema da un giro de 180 grados para recibir el solo de John Coltrane llevando la pieza a un climax inesperado. El disco se compuso de seis temas para su versión original del año 1956, con dos reediciones en el 2001 y 2005, en las que se agregaron bonus tracks que nunca fueron publicados y la versión de "Round Midnight" del Newport Jazz Festival de 1955, interpretada junto a Thelonius Monk.

Aquí termina esta lista mínima que se queda corta, ante la vasta discografía del trompetista legendario que supera los 50 discos en estudio, más otras varias decenas de discos en vivo, box sets y reediciones; sin contar botlegs y discos piratas. Miles Davis murió en su propia ley, de un infarto a los 65 años, discutiendo con unos enfermeros que por órdenes médicas, se disponían a conectarle un tubo respirador para aliviar sus afecciones pulmonares. El 28 de septiembre se cumplen 27 años de su despegue de este plano terrenal, a dimensiones cósmicas donde la música será eterna.




Play aquí: 10 uppercuts de Miles Davis (III)



martes, 4 de septiembre de 2018


Diez uppercuts de Miles Davis (II)

Texto y mixtape: Marcel Márquez

A mi hijo Matías Márquez



5. Bitches Brew (1970)


Solo pasaron siete meses desde que Miles Davis había salido del estudio donde grabó In a Silent Way cuando decidió regresar, convocando a un trabuco de 11 jóvenes músicos. Movido por un impulso creativo, que había germinado en su disco anterior y focalizando las energías en darle un giro radical a la historia del jazz,  abordó la producción de un disco, en el cual el peso de instrumentos eléctricos se convirtieran en la espina dorsal del proceso creativo. Transcurría el año 1969 y el trompetista movido por su intuición buscaba nuevas influencias que alimentaran su obra. La relación amorosa con Betty Davis fue la llave de nuevos portales en la vida del trompetista, conoció el soul, el nacimiento del funk, con Sly and the Family Stone y el rock, géneros musicales que enseguida despertaron el interés del trompetista. Miles se hizo amigo personal del guitarrista Jimi Hendrix,  quien un año antes publicara  su última producción,  Electric Ladyland, celebrada por Miles Davis y despertando gran interés en su proceso de composición y postproducción. Este disco sería un disparador creativo con el que comenzaron a germinar las ideas de Bitches Brew.

La intención del trompetista no era hacer un disco de rock, sino reproducir el espíritu rockero dentro del estudio. Llegar al estudio sin partituras ni ensambles previos para dejarse llevar por la espontaneidad del momento y la improvisación, buscando los resultados finales en un trabajo de posproducción y edición. Los músicos un poco confundidos, seguían las indicaciones de Miles Davis, entregando lo mejor que llevaban a la sala en largas jam sessions, donde el groove colectivo era lo que prevalecía, antes que el protagonismo unipersonal de cada músico. Su principal cómplice en este nuevo terreno de la creación fue el productor Teo Macero, con quien venía trabajando en discos anteriores como Kind of Blue, Sketches of Spain y Porgy and Bess.

El primer día de grabación de Bitches Brew comenzó algo accidentado. Una discusión severa entre Miles Davis y Teo Macero, que casi se va a las manos, por poco frustra la grabación del legendario disco antes de la primera toma, como consecuencia de un capricho excéntrico del gurú de la trompeta. En la biografía del autor Ian Carr, Teo Macero cuenta el episodio: "Tú no eres mi jefe y no voy a soportar más tus estupideces. No me importa un carajo si ella te cae bien o no. Si no puedes llevarte bien con ella no le hables, dirígete a mí". Miles estaba poniendo como condición para comenzar a grabar que despidieran a la secretaria del estudio, situación que convirtió la escena en un caos de insultos y violencia, en donde los músicos se encontraban totalmente desconcertados. "Coge tu puta trompeta, y tus putos músicos y vete, largo de aquí", le dijo el productor desbordado respondiendo a las agresiones del trompetista. Todo el mundo quedó en silencio, petrificados mientras Miles Davis salía del control room tirando la puerta con rabia. Cuando todos pensaban que se marchaba, entró a la sala de grabación, agarró el instrumento y comenzó la magia: "Prendan las máquinas", dijo el productor. Mientras tocaba, Miles Davis y Teo Macero se insultaban y hacían señas con las manos a través del vidrio, el espíritu del rock & roll estaba apoderado del estudio. Cuenta la biografía de Ian Carr que era muy común en Miles Davis durante las grabaciones llevar las situaciones cotidianas al límite, para generar adrenalina y convertirlas en procesos creativos.




Las grabaciones de Bitches Brew se dividieron en tres bloques: el primero fue durante el mes de agosto de 1969 los días 19, 20 y 21; con la participación de los 11 músicos que salen en el disco. Wayne Shorter (saxo soprano), Bennie Maupin (clarinete bajo), Chick Corea, Joe Zawinul y Larry Young los tres en el piano eléctrico, John McLaughlin (guitarra eléctrica), Dave Holland (contrabajo), Hearvey Brooks (bajo eléctrico), Jack de Johnette, Lenny White y Don Alias en las baterías y Juma Santos en la percusión. El segundo bloque de grabaciones se realizaría durante dos días, el mes de noviembre del mismo año, y el tercero entre enero y febrero de 1970. Después de las primeras grabaciones se fueron sumando nuevos músicos que no aparecen en el disco oficial, como Steve Grossman en el saxo, Herbie Hancock al piano, Khalil Balakrishna tocando el sitar, Bihari Sharma en Sitar y tambora, Billy Cobham en la batería y Airto Moreira en la percusión. El disco oficial lanzado por Columbia en 1970 contiene las sesiones de agosto de 1969, el resto de las sesiones están incluidas en una edición especial lanzada en 1998 que contiene cuatro discos y una más reciente edición aniversario que contiene tres discos compactos, un DVD y dos viniles.

La suma de todos los acontecimientos previos, las grabaciones y la reunión de una banda integrada por los mejores músicos de la época, dieron como resultado una obra cumbre en la historia del jazz. Un trabajo que provocó un giro radical, llevando la composición y la producción de un disco a terrenos que nunca antes habían sido explorados por jazzista alguno. La primera edición oficial lanzada en 1970 quedó con seis temas distribuidos en dos discos de vinil, resultado de largas horas de improvisaciones y jam sessions dirigidos por Miles Davis, que luego serían trabajadas en posproducción, formando parte importante del proceso al momento de la edición y la mezcla, en el que se cortaban y separaban instrumentos, para convertirlos en rifs y loops que iban conformando un collage cargado de un groove funk y un pulso muy rock.

El sonido del disco siempre tuvo como eje principal el ritmo constante creado por bajo y batería, sobre el que fueron dibujando trazos polirítmicos la otra batería y la percusión, mientras aparece el tono del clarinete bajo que le va dando atmósferas densas y oscuras, una niebla acolchada que recibe los pianos grooveros de Chick Corea y Joe Zawinul, el saxo de Wayne Shorter y la cereza del pastel, esa trompeta eléctrica cargada de efectos, ecoflex, delays y reverberaciones que convierten el viaje en un paseo metalizado a rincones desconocidos de la conciencia y el espíritu. Durante todo el trayecto se siente esa comunión colectiva de los músicos donde no hay rol protagónico alguno, es un ritual de sonido en conjunto constante que no se detiene, en un momento del tema Bitches Brew se siente un desconcierto por parte de la banda en el minuto siete, en el que pareciera que ya no tienen rumbo cierto y quieren abandonar el viaje. Miles como todo un chamán y guía de la ceremonia suelta un "Keep it like that!" y segundos después convoca a McLaughlin "John!", y el guitarrista entra poseído y el tema vuelve a agarrar un vuelo indetenible.

Bitches Brew cambió la historia de la música, fue uno de los seis giros históricos que Miles Davis le batió en la cara durante aquella cena de los Kennedy awards, a la mujer soberbia que intentó ser irónica con el amo del sarcasmo."No es lo mismo invocar al diablo, que tenerlo de frente prendío en candela", dirían en las calles de Caracas. El disco fue un punto de inflexión en la historia del jazz y a partir de ese año todo cambió, cada uno de aquellos jóvenes músicos impulsados por el maestro seguirían cambiando la historia con bandas maravillosas como Weather Report, de Joe Zawinul; Return to forever, de Chick Corea; Mahavishnu Orchestra, de John McLauglin; The Headhunters, de Herbie Hancock; además de la infinita discografía como solistas de cada uno de los músicos participantes. Sin más palabras para describir este clásico, lo último que puedo recomendar es apagar las luces, prender un incienso y en posición de loto darle play a esta maravilla que nos ha ofrendado el universo a través de la música.

 


4. In a silent way (1969)

Durante los últimos años de la década del sesenta el público de jazz estaba mermando considerablemente, la novedad era otra. El rock, el soul y el funk estaban acaparando la atención de la juventud. Miles Davis se encontraba en una encrucijada, seguir el camino del jazz tradicional en el que una banda totalmente acústica servía como soporte para un solista, o tenía la opción de dar un giro de tuercas a la historia como ya estaba acostumbrado a hacerlo. Obviamente el trompetista se decantó por la segunda opción, la más vanguardista, la más revolucionaria y tal vez la más difícil. Miles de una personalidad bastante fuerte y temperamental nunca fue conformista, el necesitaba ir al ritmo que iba el mundo, a la misma velocidad, y el mundo iba bastante rápido.

Durante esos años el trompetista vivía un frenesí creativo, estaba recién casado con Betty Davis, y él ya pasando los cuarenta años comenzó a verse rodeado por músicos muy jóvenes y talentosos que lo seguían como a un gurú del jazz. Miles ya venía muy interesado en las nuevas propuestas musicales que estaban surgiendo en la época, empezó a congeniar con propuestas de Rock, soul y funk; pero fué su esposa Betty quien reforzó este interés de Davis, presentándole nueva música y personalmente al guitarrista Jimi Hendrix con quien hizo un click creativo de inmediato y una amistad muy cercana. Ambos compartían ideas muy similares en la forma de concebir la música y los procesos creativos en la composición, y Hendrix estaba a la vanguardia en el área de la postproducción, utilizando el estudio como un instrumento musical más. Definitivamente esta posibilidad abrió un nuevo portal en la mente brillante del trompetista.

Era principios de 1969 plena efervescencia de la psicodélia, el mundo estaba agitado, y los Estados Unidos no escapaba de ese torbellino, el país era uno de los protagonistas. Durante el mes de febrero de aquél año, Miles tenía una pauta de grabación en los estudios de Columbia a donde convocó de una manera muy peculiar a algunos de sus músicos. A Miles Davis le gustaba jugar con la adrenalina del momento, siempre con un olfato certero que lo convertía en una especie de brujo adivinador. Resulta que su baterista Tony Williams había escuchado una cinta de un guitarrista inglés que le impresionó bastante, y lo convocó para que viajara desde Londres hasta Nueva York para hacer una audición en los estudios de Columbia con su banda particular, irónicamente fueron rechazados. Una noche antes de la pauta de grabación de In a silent way, Tony Williams presentó a Miles y John McLauglin, el trompetista sin siquiera haberlo escuchado tocar le dijo "Tenemos una grabación mañana, trae tu guitarra". A Joe Zawinul lo contactó la mañana antes de la grabación como compositor, le dijo que llevara algo escrito para tocar y terminó tocando el órgano. Aquella composición de Zawinul se titulaba In a silent way, la cual fue modificada en el estudio y es el intro y el final de la cara B del disco. Por su parte Dave Holland había sido fichado un año antes para Filles de Killimanjaro en unas circunstancias muy parecidas a las de McLaughlin.

Con el trabuco completo Miles Davis (trompeta), Wayne Shorter (saxo soprano), John Maclaughlin (guitarra), Chick Korea (piano eléctrico), Herbie Hancock (piano eléctrico), Joe Zawinul (órgano), Dave Holland (bajo), Tony Williams (bateria) y por su puesto la participación estelar de Teo Macero en los controles de la nave. In a silent way fue el génesis de Bitches Brew y del cambio radical en el sonido de Miles Davis, a partir de aquél 18 de febrero de 1969 cuando entraron a la sala de grabación. Ahí comenzó a cambiar la forma como se concebía una pauta de grabación, la orden era darle play a las máquinas desde que se entraba en el estudio, sin parar ni repetir. Grabar todo lo que ocurriera, aciertos, errores, silencios por muy largos que fueran , discusiones, todo, hasta el momento que se terminara la pauta y se retiraran todos los músicos.

El disco logró como resultado dos maravillosas piezas de 19 minutos aproximadamente, que en un principio llegaron a 9 minutos cada una, y no completaban el tiempo standard de un Long Play. Para solucionar la situación y completar el tiempo requerido, el productor Teo Macero, sugirió trabajar en postproducción alargando los temas con fragmentos del mismo tema, agregados al final de cada lado. Así fue como en un proceso de edición y un empalme quirúrgico en la mezcla, quedaron dos piezas magistrales para la historia del jazz y la música en general.

El lado A arranca con un acorde sostenido de órgano que le hace colchón a una delicada y fugaz melodía de guitarra. Shhh/peaceful enseguida toma cuerpo, en un groove conjunto donde la base rítmica lleva un pulso armónico sostenido por bajo y bateria sobre el cual, guitarra, teclados y órgano van dibujando texturas para esperar el primer solo de Miles Davis y los acompañamientos de Wayne Shorter. Luego del primer solo y un breve encuentro intimo entre pianos y guitarra, se retoma la base rítmica completa donde siguen dibujandose texturas melódicas sobre bajo y bateria para esperar la aparición del saxo de Wayne Shorter. Después de una breve pausa volvemos al inicio, arranca el acorde sostenido del órgano y da paso al groove en conjunto, que recibe una vez más el solo de Miles Davis y cierra el ciclo después de un ritmo atmosférico dibujado con acordes de piano, órgano y muy sutiles notas de la guitarra.

El lado B lleva la pieza que titula el disco In a silent way, compuesta por Joe Zawinul. Una atmósfera cálida introduce el tema con un solo melódico de John McLaughlin que es matizado con notas sublimes de piano, Wayne Shorter repite exactamente la misma melodía en el saxo y se encuentra en el camino con la trompeta de Miles quien cierra el circulo dentro de la misma atmósfera. Al terminar la sublime intro de  In a silent way,  entra abruptamente un groove enérgico impulsado por la base rítmica, que rápidamente incorpora un solo de trompeta, seguidos de una pausa donde dialogan pianos bajo y batería para recibir un solo de guitarra por McLaughlin. El orden sigue similar al de la introducción, retoma el volante Wayne Shorter en el saxo luego de la intervención de la guitarra, para incorporarse más adelante la trompeta de Miles Davis impulsando el tema It's About that time a su climax. Como en la cara A del disco, el tema finaliza con el intro, retomando In a silent way, para despedir esta obra maravillosa, que sería determinante en el futuro de la música.




Play: 10 uppercuts de Miles Davis Volumen II


lunes, 27 de agosto de 2018

Diez uppercuts de Miles Davis (I)



Texto y mixtape: Marcel Márquez

A mi hijo, Matías Márquez

«He cambiado cinco o seis veces la historia de la música», respondió Miles Davis al ser interpelado de manera perniciosa por una dama de la aristocracia norteamericana, quien le preguntó qué estaba haciendo él en una entrega de los Kennedy awards. «Y usted, además de ser blanca y rica, ¿qué méritos ha hecho para estar aquí?» remató, para dejar sin palabras a aquella mujer símbolo de la arrogancia y la ignorancia de la oligarquía que él tanto detestaba. 

Fanático de Jack Johnson y del boxeo, convirtió su propia vida en un cuadrilátero que iba transitando con la destreza y la concentración de un púgil, para acertar en el momento justo los jabs y uppercuts que demandaban su pelea. Durante su vida todo se lo ganó a pulso, ser negro en un mundo controlado por blancos, comenzar muy joven a dar la batalla en un oficio rodeado de vicios y personas oscuras de alma, fueron pocos de los obstáculos que este hombre tuvo que sortear en el ring de la vida para convertirse en una leyenda de la música.

Miles Davis era de un carácter fulminante y temperamental, su ruta hacia el éxito estuvo signada por un camino lleno de excesos en todo sentido; drogas, alcohol, sexo, caprichos materiales, relaciones enfermizas y un cuerpo que intentaba cargar con todo eso, más la responsabilidad de darle un giro a la historia de la música cada diez años. Estos cinco o seis giros que le dio Miles a la música pueden dividirse de muchas maneras, según la época, las formaciones de las bandas, los estilos, sellos discográficos, la década, en fin; esta ambición de organizar la discografía del trompetista, durante años se ha convertido en un dolor de cabeza para melómanos, coleccionistas, investigadores y periodistas.

De una manera sencilla quiero abrir un portal, principalmente a mi hijo Matías, y también a las personas que no han tenido la oportunidad de disfrutar de la vasta discografía de este músico legendario. En mi opinión estos son los discos esenciales de Miles Davis, para empezar a viajar a través de este universo de ritmos, fraseos y jazz maravilloso.

He decidido comenzar desde los últimos años hacia atrás. Particularmente a mí se me ha hecho mucho más fácil entender el jazz de esta manera, siempre escuchando primero discos a partir de la década del setenta, para luego irme al inicio y las raíces. De la manera inversa se me hace un poco denso el viaje, igual es importante hacerlo de vuelta con el orden cronológico ascendente, para entender los cambios que hubo en el jazz y específicamente en la música del trompetista. Con mucho afecto, dejo para ustedes mis diez discos fundamentales de Miles Davis.


10. Doo-Bop (1992)

Un disco difícil para los puristas del jazz y vitoreado por todos los militantes del avantgarde. El último disco grabado en estudio de su carrera, en el que solo alcanzó a grabar seis temas antes de su prematura muerte. Miles Davis siempre conectado y sincronizado con los cambios que se iban generando en la historia, buscaba transmitir en su nuevo disco lo que estaba sucediendo en la ciudad de Nueva York, componer a partir de los sonidos que entraban por las ventanas de su balcón.

Easy Mo Bee, un joven productor de hip hop, fue seleccionado para grabar y coproducir este álbum de nueve temas, de los cuales tres fueron mezclados luego de la muerte del trompetista, usando tomas que habían quedado fuera de los seis temas grabados. Como era de esperarse, el disco fue descuartizado por los críticos conservadores de jazz, encargados de calificar las producciones del género por aquella época. Sin embargo, Do boop fue ganador del Grammy award como mejor disco instrumental de R & B al año siguiente de su lanzamiento. Fue publicado por el sello discográfico Warner Bros, el 30 de junio de 1992, casi un año después de su muerte, convirtiéndose en el génesis de un estilo particular dentro del hip hop, en el que el Mc Guru se convertiría en pionero lanzando un año después en 1993 su disco Jazzmatazz vol. 1.





9. Aura (1989)

El disco más sobresaliente en la última etapa de Miles Davis, signado por un conjunto de factores que le aportan a la obra una serie de matices excéntricos, que escapan de las influencias pop que marcaron esa época y la inspiración del trompetista durante la década. La composición absoluta de esta obra estuvo a cargo del trompetista danés Palle Mikkelborg, quien con la intención de rendirle un homenaje al músico estadounidense, compuso una obra inspirada en el cromatismo y los colores que irradiaban desde el aura de Miles, quien a mediados de los 80 recibió el Léonie Sonning Music Prize, el más prestigioso de Dinamarca en el ámbito de la música académica, reconociendo a grandes músicos de la historia como Igor Stravinzky en 1959 y Andrés Segovia en 1974, entre muchos otros.

De los 10 tracks que contiene la obra, 9 llevan como título el nombre de los seis colores del espectro visible, los mismos del arco iris; al que también agregó el blanco y una tonalidad de rojo bautizada por el compositor como Red electric. En esta oportunidad la banda estuvo conformada en su mayoría por músicos escandinavos, acompañándolo también uno de sus inseparables y más fieles guitarristas, Jhon Mclaughlin. A lo largo del disco la trompeta de Miles Davis y la banda van viajando por un arcoiris de sonidos, matizando el aura de la obra con un color atmosférico, orquestaciones profundas y ecos que en momentos inesperados se convierten en un funk o un jazz progresivo al que nos acostumbró tanto en la década anterior.






8. Tutu (1986)

Hay un nombre clave en el desarrollo y la producción de este disco. El entonces muy joven bajista Marcus Miller, fichado años antes por Miles Davis para tocar el bajo en su disco “The Man Whit The Horn” del año 81, fue el responsable de los arreglos y la coproducción de más de la mitad de los temas que componen esta obra maestra del jazz contemporáneo. Un disco que responde fielmente a las influencias musicales del momento, el rythm & blues, el funk y el pop. Miles Davis años antes confesaba su admiración por el músico Prince, un sentimiento recíproco que los condujo a planear proyectos en conjunto que lamentablemente no lograron llevarse a cabo, salvo unos encuentros aislados y una sola colaboración lograda enviándose el material por correo.

El disco recibió dos premios Grammy, el primero como mejor interpretación instrumental de jazz, y el segundo fue por la mejor portada, gracias al trabajo de la diseñadora japonesa Eiko Ishioka. Un álbum que conceptualmente reivindica a luchadores afrodescendientes. El título del álbum y el primer track es un homenaje a Desmond Tutu, una arzobispo de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), quien recibió el premio Nobel de la paz en 1984, como respuesta a su lucha en contra del apartheid. El tema “Full Nelson” es un funk vigoroso dedicado a Mandela que cierra esta maravillosa creación del jazz contemporáneo. Mi preferida y la que puedo recomendar es “Don’t Lose Your Mind” un dub bastante urbano que, viajando por las aceras de Nueva York llegó hasta el balcón del maestro para entrar en su universo creativo y parir este disco.






7.You’re under arrest (1985)

Para cualquier fanático y estudioso de Miles Davis puede parecer un sacrilegio que yo le de lugar a este disco entre una selección tan cerrada, quitándole su merecido espacio a obras maestras como Birth of Cool, Porgy and Bees, Miles Smiles o Filles de Killimanjaro. La razón es absolutamente personal, por haber sido este disco el que me presentó al trompetista, siendo yo un niño de apenas siete años. Esta caratula apareció en mi casa, como consecuencia del oficio de mi padre, quien reseñaba discos para la prensa de entonces, y todas las semanas llegaba a casa con unos cinco o 10 viniles recién lanzados al mercado.

El disco nunca lo escuché detenidamente, salvo las reproducciones conducidas por mi padre, que llenaban los espacios de la casa con la música de Miles Davis. Mi interés era más por la caratula, una fotografía de un afroamericano con un arma que infundía respeto. Años después descubrí el disco en su totalidad y quien fue testigo de mis primeros pasos delante de los tocadiscos, en un ejercicio de memoria, podría recordar aquella voz de un hombre respondiéndole a un agente de la policía “yo vine de Miami, y este es parte de my religion, y no me diga que me calle” (el policía que responde en francés, era Sting).

Como todos sus trabajos de los ochenta, este es un disco muy vanguardista a nivel de producción. Miles Davis en esta década consigue fusionar su obra artística con la industria musical para llegar a las masas sin convertir el resultado en un producto mediocre, encuentra el equilibrio y pienso que enaltece el trabajo del productor, esa figura dentro de la cadena que volvió indispensable en su carrera desde que trabajo junto Teo Macero en la década anterior, utilizando el estudio como un instrumento complementario a la banda de jazz.

Es un disco conceptualmente muy marcado por la atmósfera pop de la época. Logra una maravillosa versión de “Human Nature”, de Michael Jackson, y otra versión de lujo del tema “Time after time” de Cyndi Lauper, ambas piezas entre los primeros puestos de las radios por aquel entonces. Sin embargo, el disco no deja de arrastrar ese sello experimental y progresivo que traía Miles desde los setenta donde el jazz funk y el jazz rock se convirtieron en una marca indeleble en su obra.





6. A Tribute to Jack Johnson

El 7 de abril de 1970 fueron convocados al estudio el guitarrista John McLaughlin, el baterista Billy Cobham y el bajista Michael Henderson para dar inicio a las grabaciones de un nuevo álbum de Miles Davis. Mientras esperaba que el trompetista llegara al estudio, McLaughlin comenzó a improvisar unos riffs de guitarra y en seguida se le unieron el bajo y la batería. Astutamente los productores invitaron a Herbie Hancok, quien pasaba por las instalaciones a resolver asuntos personales. Le habilitaron un órgano farfisa y se incorporó a ese jam sessión que más adelante se convertiría en un disco de culto. Cuando ya entraban en calor llegó Miles Davis al estudio y observando aquel momento de inspiración y cohesión de sus músicos más el invitados, no esperó ni un segundo, agarró su trompeta y soltó su primer solo para el disco en el tema "Right Off".

A Tribute to Jack Johnson fue concebido como un soundtrack para un documental sobre la vida del boxeador, dirigido por Jimmy Jacobs, producido por el promotor de boxeo Bill Cayton, quien convocó a Miles Davis para crear la música. Este proyecto se convirtió para Miles en un compromiso histórico con la causa afroamericana y el Black Power, que para la época iba ganando cada vez más terreno en la política y la cultura de masas. Sumado a todo esto entre Miles Davis y Jack Johnson existía una notable afinidad en cuanto al estilo de vida, la afición por los autos de carrera, la pasión por ropa distinguida, las mujeres bellas, y la vida excéntrica en general. El boxeador fue un modelo a seguir del trompetista desde su adolescencia.

El espíritu musical del disco estuvo principalmente influenciado por el funk y el rock de la época, para ese entonce Miles Davis se encontraba bastante sumergido entre la música de Sly & the Family Stones, James Brown y Jimi Hendrix, con quien compartió peluquero y una gran amistad, incluso dejando como proyecto pendiente un disco producido entre ambos artistas, interrumpido por la muerte prematura del guitarrista.

El disco está compuesto por dos largos temas que sobrepasan los 25 minutos cada uno, grabados en el estudio y terminados en la sala de edición, gracias al maravilloso trabajo de selección de tomas realizadas por el productor Teo Maceo. "Right Off" arranca con un ataque blues rock, donde John McLaughlin va conduciendo la nave por un buen rato hasta que aparece el maestro entrado el segundo minuto con su primer solo de trompeta, para ir agregando texturas a lo largo del viaje, sobre ritmos llenos de groove y hard rock. "Yesternow" entra mucho más atmosférica, con una línea de bajo que se repite y unos acordes de piano eléctrico y guitarra que dan pinceladas a una trompeta que se va balanceando con calma, hasta que se va incorporando la batería poco a poco. En un movimiento ondulatorio de atmósferas llega hasta la mitad del track donde comienza a engordar el ritmo en un jazz funk robusto, que no da tregua hasta el final de la obra volviendo a las atmósferas a través de unas reminiscencias dub, para recibir una voz que sugiere al boxeador Jack Johnson despidiendonos de esta obra maestra: "I'm Jack Johnson, heavyweight champion of the world. I'm black. They never let me forget it. I'm black all right. I'll never let them forget it."




Play aquí: 10 uppercuts de Miles Davis vol. 1

Parte (II)

lunes, 13 de agosto de 2018

Romanticismo alucinógeno y cultura pop



Romanticismo alucinógeno y cultura pop

Texto y mixtape por: Marcel Márquez

“…Estoy en la punta del infierno buscando un sitio donde caerme…"

Gabriel Jiménez Emán

Entrada la década de los sesenta la Generación Beat ya estaba de regreso. William Burroughs, Allen Ginsberg y Jack Kerouak le habían dado la vuelta entera en cola a un país, conocían más de la mitad del planeta y los rincones más oscuros de la mente humana. “Vieron a las mejores cabezas de su generación destruidas por el delirio, hambrientas, histéricas desnudas…” Ellos fueron alcohólicos, drogadictos y pentasexuales antes que cualquiera, lanzaron un aullido al mundo entero dejando claro que podían ser y hacer lo que les daba la gana, y que no eran existencialistas, ni poetas, ni beatniks, ni un coño, y que sencillamente estaban en la tierra para ser unos apasionados militantes de la vida. Por aquí pasaba Beny Moré metiéndole “...candela a Mozart, a Bethoven, a Vivaldi, los Beatles se salvaron porque le hablaron largamente de algo parecido a la caída de un reino...”. Después, en un hotel en Nueva York, Bob Dylan arrebató a los muchachos de Liverpool y en nubes de THC daban comienzo al proceso creativo de su era más psicodélica con el disco Revolver a la vanguardia.

Albert Hoffman luego de cristalizar el sueño sicodélico y sintetizarlo en terrones de azúcar decidió estacionar por un tiempo sus descubrimientos junto con la bicicleta, que años más tarde sería expropiada por los profesores Timothy Leary y Richard Alpert para invitar a todos los jóvenes del mundo a “sintonizar, prender y desconectar”, consigna que en la ciudad de Cambridge Syd Barret se tomaría literalmente con altas dosis de L.S.D para producir y componer en su mayoría The Piper At TheGates of Dawn, considerado el mejor disco de Pink Floyd y de la historia del rock psicodélico.




Mientras tanto, Hunther Thompson fraguaba su carrera de Enfant Terrible del periodismo acompañado de una maleta narcótica recetada por su abogado (y el del diablo también). El trance visionario de la glándula pineal de un suicida fue el génesis de un cocktail literario para drogadictos que sin miedo ni asco publicaría más adelante la revista Rolling Stone para consagrar a “Fear and Loathing in Las Vegas”, una novela de culto de la literatura underground. En Gran Bretaña sus majestades satánicas incrementaban su fortuna vendiéndole el alma al diablo en módicas cuotas, con Aleister Crowley como intermediario, y en 1967 sale al mercado Their Satanic Majestic Request, un disco con una carátula en 3D y una imagen lenticular, que se convirtió en una pieza fundamental del coleccionismo psicodélico.


En New York la psicodelia se quedaba en la música y la música era un hijo bastardo más de un proyecto transmedia y experimental en The Factory, el bunker de operaciones del artista plástico y director de cine Andy Warhol. Todo era blanco y negro, las drogas también, y en un delirio anfetaminoso Lou Reed sellaría una sociedad con Warhol como manager para producir TheVelvet Underground &Nico, disco esencial para la melomanía psicodélica.





Charles Bukowsky escogió la soleada California como el sitio ideal para entrarse a coñazos con la vida, mientras escribía y acababa con su hígado progresivamente. Goa Gil, por su lado, estaba emigrando a las playas de Goa en India, dejando atrás el Flower Power de Haight Ashbury con unos cuantos panas muertos, presos y locos. Al mismo tiempo, TheSeeds encerrados en un garaje le iban dando forma al psychedellic garage con el sonido más underground de la historia, para convertir este nuevo concepto en un subgénero del rock. Antes que The Doors fueron pioneros en la sustitución del bajo por teclas.


Para Led Zeppellin no fue un problema vivir bajo la sombra de sus coterráneos y colegas musicales. Mientras The Beatles, Rolling Stones y Pink Floyd viajaban por distintas galaxias, los Zeppellin construían una humilde escalera al cielo con la que llegaron a conquistar nubes y estrellas, convirtiéndose en los creadores del hard rock y ese sonido distorsionado donde el surco quiere devorarse la aguja cuando se escucha en vinyl.


Carlos Castañeda a través de “Las Enseñanzas de Don Juan” compartía con el mundo las herramientas para aprovechar responsablemente las plantas de poder como puente para el crecimiento y fortalecimiento espiritual de toda esa juventud que estaba adoptando la cultura de las drogas como forma de vida. Carlos Santana había ido y venido varias veces y no sabemos si permaneció de este lado gracias a la mescalina, al evangelio o a la guitarra. Lo que sí queda claro es que para quedarse entre nosotros -los terrícolas- hizo un “Soul Sacrifice”.



“…El diablo no me llevará a mí solo…”







martes, 7 de agosto de 2018

El surrealismo musical de Mati Klarwein


El surrealismo musical de Mati Klarwein

Texto y mixtape por : Marcel Márquez

En enero del año 1972 en la ciudad de Caracas, por orden del entonces presidente Rafael Caldera, representante del partido socialcristiano COPEI, se ejecutó la orden de retirar de todas las discotiendas el álbum de Santana titulado Abraxas. Las razones para la censura de aquel gobierno conservador eran tan básicas y retrogradas que estaban totalmente fuera de sintonía con toda la revolución cultural que venía arrolladora alrededor del mundo desde cinco años antes. La imagen de una mujer afrodescendiente desnuda con una paloma blanca entre las piernas y acompañada por un arcángel fue el insustancial motivo para privar a los venezolanos de disfrutar de aquella obra maestra del rock psicodélico californiano, que llegaba al país con un delay en relación a su lanzamiento en el resto del mundo.

Mientras Carlos Santana estaba en las sesiones de grabación de aquel disco, llegó a sus manos una revista donde vio una reproducción de la obra La Anunciación, del artista Mati Klarwein, y decidió que esa sería la portada de su disco. El cuerpo exótico de senos perfectos y piel brillante de aquella Black Magic Woman, con una blanca paloma de la paz entre las piernas flotando sobre una bahía del mediterráneo y acompañada de un arcángel, dio la vuelta al mundo y se convirtió en un clásico para la historia del rock.




La anunciación era un cuadro que pertenecía a una obra titulada L’Aleph Sanctuary, conformada por varias pinturas dentro de una capilla psicodélica de tres metros cuadrados, donde los visitantes entraban en un estado alterado de conciencia estimulados por las obras de arte. Jimi Hendrix fue uno de los visitantes del espacio y luego de permanecer un largo rato en silencio expresó sentir la sensación que lo hacía viajar dentro de la música. En otra oportunidad Tim Leary permaneció dentro de la capilla durante siete días bajos los efectos del LSD, concluyendo que Mati no necesitaba drogas porque él mismo era un potente alucinógeno.

El padre de la criatura

Mati Klarwein fue uno de esos personajes místicos y excéntricos al margen de la historia, vivió en una dimensión paralela donde el protagonismo y el personalismo están de capa caída, donde los artistas son el medio para transmitir un mensaje del universo y sólo eso. “Para mí eso es la creación, viene de otra parte, no viene de mí, yo soy el embudo solamente...viene del mundo entero y sale por un tubo de pintura”. Con estas palabras se expresaba este hombre que, siendo amigo personal de Salvador Dalí y Andy Warhol, prefería estar alejado de la exposición pública, en una cala en Deya, una aldea ubicada en la isla de Mallorca, o viajando como un trotamundos por distintos países de India, África, Europa y América.

Estas características que marcaron su personalidad inquieta de por vida fueron consecuencias de su agitada infancia que lo llevó a vivir en su Hamburgo natal, para luego pasar una larga temporada en Palestina y encontrar su adolescencia en Jerusalén, donde comenzó a estudiar arte. Sin terminar sus estudios el destino lo impulsó a otro movimiento inesperado: abandonó la capital de Israel por París, donde culminó sus estudios de artes en distintas academias. Convertido en un políglota y ciudadano del mundo, le tocó vivir la intensa década de los años 60 en Nueva York, donde encuentra el reconocimiento mundial con sus obras La Anunciación (1962), La Natividad (1962), Eva (1963), El políptico de San Juan (1963) y El Árbol de la vida o Crucifixión (1963-1965).

Bitches Brew y el furor de las carátulas
Dos groupies del Lower East Side fueron las responsables de abrir el portal que convertiría a Mati Klarwein en una referencia universal dentro de la cultura pop y el mundo de los discos. Si bien Mati había ilustrado cuatro discos en la década anterior, fue en el año 70 cuando sus dos amigas le presentaron a Miles Davis, Jimi Hendrix, Allman Brothers, Buddy Miles y una larga cantidad de músicos que durante esa década y las dos siguientes solicitarían al pintor como artista para complementar sus obras.
La portada del disco Bitches Brew germinó de una rápida amistad que surgió entre el pintor y el músico. Otra vez la musa principal fue la mujer afrodescendiente, esta vez un rostro que se impone sobre una cayena que suelta ráfagas de fuego a un cielo eclipsado por una tormenta, unos rayos que entran al mar y que se convierten en el horizonte de una pareja que contempla desde la orilla. La contraportada al abrir el disco en su versión vinyl gatefold complementa la parte delantera donde el rostro se duplica esta vez de piel más clara uniendo las manos que vienen de cada rostro. Dos mujeres aparentemente de la etnia masai entran en el cuadro custodiadas por un cielo estrellado. Al abrir las dos carátulas y visualizar la obra completa, puede contemplarse una clara contraposición luz-oscuridad.


Después de Bitches Brew Mati Klarwein fue el responsable de otro gran disco de Miles Davis titulado con el palíndromo Live-Evil, y la musa sigue siendo la mujer afrodescendiente, esta vez embarazada. Mati cuenta la anécdota que para este disco Miles sí quiso aportar en el proceso de la pintura -a diferencia de Bitches Brew y pidió un sapo en la contraportada, el pintor decidió retratar al jefe del FBI como un sapo con peluca.





Luego de Abraxas, de Santana; Bitches Brew y Live-Evil, de Miles Davis, los discos más reconocidos por sus portadas a nivel mundial donde intervino el pintor, siguió una larga lista que hoy día conforman el catálogo de caratulas de discos creadas por Mati Klarwein. Jimi Hendrix, The Las Poets, Buddy Miles, Howard Wales & Jerry García, Earth Wind & Fire, Osibisa, Eric Dolphy y Hermeto Pascual; son sólo algunos nombres de los artistas que llevaron plasmado en sus discos el maravilloso arte del pintor.

“Soy simplemente un medio alemán, medio judío, con un alma árabe y un corazón africano”.

Mati Klarwein

1932 – 2002


Tras una larga y minuciosa curaduría musical, dejó como testimonio para los lectores de este blog y a los melómanos irreductibles, un mixtape que incluye temas de estos discos que formaron parte de la cosmogonía visual de Mati Klarwein. Play a Mati Klarwein aquí. 

0. Intro: Mati Klarwein
1. John McLaughlin - Miles Davis - Bitches Brew (Disco 2)
2. DC-502 - Jerry García & Howard Wales - Hooterooll?
3. Forward Motion - Elements - Forward Motion
4. Saturn Return - Elements - Ilumination
5. Hope You're Feelling Better - Santana - Abraxas
6. Joe Tex - Buddy Miles - A message to the people
7. Ipanema Lady - George Duke - Rendezvous
8. Ye Tie Wo - Osibisa - Heads
9. El Nicoya - Santana - Abraxas
10. Mati Klarwein meets Miles Davis - Interview and music by Chris Gertges
11. Nem Um Talvez - Miles Davis - Live Evil (Disco 1)
12. Samba Pa Ti - Santana - Abraxas
13. Outro: Mati Klarwein